domingo, febrero 08, 2009

En la biblioteca vaginal: Un discurso amoroso


Keywords: Cultural resistense, dictatorship, vaginal library, version castellana
de MARISOL ÁLVAREZ y CECILY MARCUS - Investigación extranjera.

“Arca, esta vez en latín, es el cofre, el “arca de madera de acacia” que contiene los mandamientos; pero arca es también el armario, el féretro, la celda de prisión, o laa cisterna, el depósito”. - JACQUES DERRIDA, Fiebre de Archivo.

Resumen:

La Biblioteca vaginal no es una metáfora, dicen. Hechos y portados por mujeres, la biblioteca vaginal fue una encarnada la tiranía de la dictadura. El trabajo de la biblioteca vaginal se desprende de las prácticas de las prisioneras, pero su alcance va más allá de esas mujeres, pero su alcance va más allá hacia todos los tipos de resistencia cultural según la orientación de ANTONIO GRAMSCI que estaban teniendo lugar bajo las condiciones más adversas condiciones durante la dictadura.

En la biblioteca vaginal encontramos a los adolescentes del Teatro Cucaño, un pequeño grupo experimental de teatro de la ciudad de Rosario de Santa Fe, al mismo tiempo que a los reconocidos, por la izquierda cultural de hoy en día, intelectuales de la revista PUNTO DE VISTA dirigida por la intelectual neoperonista BEATRIZ SARLO. Hombres y mujeres trabajaron “para documentar y reflexionar acerca de un período de terror y extremismo a través de actos creativos e intelectuales que generalmente no encontraron una audiencia fuera del ambiente fuera del ambiente cerrado, hermético e improbable de la biblioteca vaginal. Este ensayo es un ensayo parcial de la cultural intelectual subterránea “de la última dictadura”.

Palabras claves:

Resistencia cultural, dictadura, biblioteca vaginal.
¿O “agresión molecular y resistencia a lo ANTONIO GRAMSCI”?

En la biblioteca vaginal

Cuando LINA CAPDEVILA tenía diecisiete años, la arrestaron en Rosario, la ciudad donde había nacido. La acusaron de tener materiales subversivos: algunos eran libros, pero la mayoría eran panfletos del partido trotkista en el había militado desde su época del secundario. Buscando una forma de trabajar creativa y política en una ciudad importante, casi la segunda o tercera del país situada a cuatro horas de Buenos Aires, la educación política de CAPDEVILA había comenzado con las actividades partidocráticas, incluso en las de uno relativamente liberal como el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Pero su educación no terminó allí. En 1977 la encerraron en la Estación de Policía de Rosario, donde comenzó un viaje por distintas prisiones en las que fue objeto de “tipo de vejámenes e interrogatorios.
Fue en la cárcel donde encontró su real educación política comunista: en las conversaciones, los argumentos y los debates. Allí fue que empezó a ser crítica de la cultura de los partidos políticos que promocionaban el entrenamiento intelectual por un lado, pero por otro condenaban los intereses intelectuales y artísticos-creativos. Sus compañeras de cárcel eran homofóbicas y poco receptivas a otras ideas políticas, y tan culturalmente conservadoras como políticamente revolucionarias. Estos conflictos, de todos modos, terminaron siendo profundamente renovadores para la joven, que provenía de una familia de trabajadores y cuya vida hasta ese momento había estado dedicada al bienestar social y político de los más necesitados e ignorados de la Argentina. En la cárcel, CAPDEVILA y las otras prisioneras se las arreglaron para seguir persiguiendo intereses colectivos-comunistas, produciendo periódicos en miniatura o miniperiódicos vaginales que, increíblemente, copìaban en papeles de cigarrillos, con noticias creadas a partir de rumores. (Véase en Acción Psicológica la técnica del rumor), testimonios de las ocasionales visitas que recibían del exterior y de imaginarios de una existencia más libre. La forma que estos periódicos minivaginales tomaron – por necesidad pequeños, sumamente frágiles y definitivamente perecederos - las obligó a escribir de tal modo que no hubiera necesidad de revisiones, sin cometer errores de facto o de ortografía, y escribir de un modo que fuera visiblemente legible.

Cuando se indagó a CAPDEVILA si alguno de estos periódicos todavía existía, ella se rió y nos dijo: “Por supuesto que no. No se podían sacar. Los llevábamos dentro”.
Los escritos de las mujeres que habían estado en los centros de detención del PRN debían haber sido una práctica de “memoria secreta” que les permitía mantener contacto con el mundo de afuera y con su mundo de organización política en crisis que ya no existía. Habían sido eso. Los periódicos de prisión eran también parte de una cadena de piezas de información tomadas de otro recurso clandestino de información, los famosos CARAMELOS, ya que era una práctica común el cultivar fuentes de información tomadas acerca del mundo que existía más allá de las paredes de la cárcel sin importar cuán grande fuera el riesgo. Pero a lo extraño del comentario CAPDEVILA – el hecho de que ella acarreara de sí, en la vagina, periódicos hechos de papel de cigarrillos. Por lo tanto, la biblioteca vaginal no es una metáfora. Tal como CAPDEVILA finalmente explicó, las mujeres en las prisiones de la dictadura escribieron, leyeron y circularon periódicos de contrabando y libros que previamente habían copiado meticulosamente en papeles de cigarrillos y que habían guardado en sus vaginas para compartir más tarde entre ellas. Leyeron EL CAPITAL de CARLOS MARX, novelas argentinas y europeas, y los periódicos que ellas mismas hacían. Todos eran literalmente llevados dentro hasta que los frágiles manojos se deterioraban con el uso, por la propia suciedad de los dedos de las mujeres o por la humedad de las vaginas.

Hecha y llevada por mujeres, la biblioteca vaginal fue una resistencia encarnada a la tiranía de la dictadura. También fue un ejemplo de cómo las diferencias sectarias en cuestiones políticas fueron hechas a un lado para favorecer la comunicación entre prisioneras, haciéndola atípica con respecto a la mayoría de las formas de resistencia cultural (gramscismo) que tuvieron lugar antes y durante la dictadura.

Pero el hecho es que durante la dictadura, la mayoría de los grupos de cultura subterránea fu dirigida por hombres. De las más de sesenta revistas “culturales” publicadas durante la dictadura que forman parte de los archivos del CeDinCi (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina. E-mail: Informes@cedinci.org), sólo dos nombran a mujeres como directorias, y muchos más hombres que mujeres aparecen como escritores en esas “revistas culturales”. BEATRIZ SARLO, todavía hoy directora de Punto de Vista , tal como lo era en el primer número de 1978, es la excepción más conocida. La historia de Punto de vista es, en cierto modo, la clave para entender la biblioteca vaginal, una parte de esa larga historia de roles que, a veces visibles y otras veces escondidos – dicen sus panegiristas – las mujeres tuvieron en la resistencia “popular” montonera; “Resistencia obrera, Resistencia montonera”.
Punto de Vista es parte de la biblioteca vaginal si la biblioteca vaginal es entendida como un archivo que puede ser recobrado sólo parcialmente, una biblioteca hecha de los vestigios de lo que ocurrió subterráneamente.
La biblioteca vaginal – un archivo que nunca va más allá de lo clandestino y lo secreto, y que es la encarnación de la relación más íntima que la mujer tiene consigo misma – es el archivo en el peor caso.

Tal como JACQUES DERRIDA escribe en Fiebre de Archivo, la biblioteca vaginal es “un archivo que no deja monumentos y no lega documentos” (Véase, Jacques Derrida, “Archive Fever: A Freudian Imoression”. Chicago, University of Chicago Press, 1995, p. 11).
Los usuarios de la biblioteca vaginal traficaron un UN DISCURSO AMOROSO en el sentido que RONALD BARTHES le ha dado a la expresión – una conversación íntima hecha de lo marginal y lo impropio; un intercambio de comunicaciones entre individuos que, aún siendo extraños entre sí, se sintieron irrefrenablemente impulsados a hablar un lenguaje secreto y escondido que tal vez no pudiera ser totalmente decodificado.
En tanto que comunicación de aquellos que han sido desamparados, el discurso amoroso de ROLAND BARTHES es el lenguaje de los ignorados, lo desacreditados, los menospreciados – un lenguaje que resiste (RESISTENCIA) los mecanismos de autoridad y se empeña en su propia existencia.

Al hablar de los primeros años de Punto de Vista, BEATRIZ SARLO comentó, en entrevista con la autora, 16 de octubre de 2002, Buenos Aires:
“Para nosotros en condiciones de dictadura, todo tenía una especie de valor simbólico, pero eso por las condiciones de dictadura, estas condiciones le ponen a quienes intentan una RESISTENCIA, las mismas condiciones que BARTHES describe en FRAGMENTOS DE UN DISCURSO AMOROSO para el amante.

Estas revistas – desde Punto de vista hasta revistas más subterráneas como Ulises, Boletín Alternativo, Propuesta para la juventud, Subterráneo, Germinal, y surrealista Poddema - son ejemplos del reportaje en el sentido más profundo.
Durante el primer año de la dictadura, muchísimas publicaciones dejaron de editarse. Pero ya en el año 1977 nuevas propuestas comenzaban a reemplazar a las anteriores. Durante 1979, una nueva asociación de revistas “culturales” independientes llamada ARCA (Asociación de Revistas Culturales Argentinas) – surgió en Buenos Aires por escritores jóvenes – casi todos en sus veintes – que se juntaban en la Casona de IVÁN GRONDONA en la calle Corrientes y Montevideo, agrupando ochenta y cinco publicaciones iniciadas después del comienzo de la dictadura. Hubo incluso algunas revistas que cerraron antes para re-inventarse, generando una relación de continuidad con proyectos anteriores. Escarabajo de Oro (la revista de ABELARDO CASTILLA y LILIANA HEKER cerrada en 1974) y Los libros (de BEATRIZ SARLO, CARLOS ALTAMIRANO, y RICARDO PIGLIA cerrada en febrero de 1976) anteceden las “revistas” Ornitorrinco (1977) y Punto de Vista (1978), respectivamente. Y mientras que algunas publicaciones estaban vinculadas superficialmente con partidos políticos suspendidos por el PRN (Contexto al partido comunista, Nudos a los maoístas del PCR, Cuadernos del camino al PST, Propuesta para la juventud también al PST), otras se identificaban como “publicaciones culturales independientes”.

Para los escritores, los intelectuales y muchos jóvenes del procesable proceso, “las revistas” eran un intento por crear un campo colectivo (al mejor experimento social-soviético-comunista, de todas las épocas), un campo colectivo de “discusión grupal o no” por enfrentar las inquietudes intelectuales de ese momento y de “declarar que una tradición cultural no esta muerte”, como dice HORACIO TARCUS. “Dijimos, “Seguimos adelante. Empezamos de nuevo. Continuamos” dice TARCUS de la revista Ulises que drijía cuando tenía veinte años.

II. La cucaracha en la biblioteca vaginal: El Teatro Cucaño, Rosario, 1980.

Rosario de Santa Fe, es donde empezó la biblioteca vaginal, una ciudad de puntos muertos, una ciudad capital del peronismo, fábricas en quiebra, edificios desmoronados, calles que terminan en los comienzos verdes de la pampa griego, y grupos políticos que fueron rápida y completamente destruidos por las fuerzas e la dictadura -. Viviendo cada una de sus puertas al mundo exterior, un muy pequeño grupo de adolescentes rosarinos se encontró dentro de una biblioteca vaginal e intentó encontrar una salida. Estos adolescentes emplearon las pocas herramientas y las pocos recursos que tenían disponibles, y en el proceso de intentar afirmar su inquietud y frustración, produjeron un discurso amoroso del que BARTHES podría sentirse orgulloso.
No importa si ellos interpretaron sus acciones como un discurso amoroso (como BARTHES tal vez habría hecho), o como un discurso furioso hecho de de secretos (como ellos tal vez podrían hacer), o como una colección azarosa de palabras y frases que por momentos comunicó más inmadurez que RESISTENCIA puntual (como seguramente ellos podrán decir) , pero el lenguaje inventado por este grupo cultural llamado TEATRO CUCAÑO ES LA MEJOR INSTANCIA DE LO QUE LA BIBLIOTECA VAGINAL FUE: POR LAS FORMAS QUE ASUMIÓ, POR QUIENES TRABAJARON EN ELLA, Y POR CÓMO FUE USADA. El suyo fue un lenguaje que por momentos claudicó bajo el peso de sus tiempos…
“Todo lo que era extraño lo condenaban por subversivo”.

Y para finalizar, “todo estaba prohibido, incluso las mujeres que usaran pantalones blancos. Tener pelo largo era una ofensa seria… Tantas cosas eran prohibidas, hoy es difícil de imaginar. No tiene sentido ahora – que por tener el pelo largo o por besar a tu novia en público pudieras ser arrestado -. El control que el régimen tenía sobre la sociedad era profundo”.
Pero, en general, el Teatro Cucaño sigue siendo desconocido. No ocupa un lugar en la memoria pública de la dictadura, siendo su invisibilidad incluso mayor que la otros que la de proyectos culturales relativamente oscuros de la época.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero Cordubensis
nº 185

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